martes, 2 de julio de 2024

Volver a empezar

 


Cuando Blas nació, nadie se puso a imaginar seriamente el impacto que tendría su descendencia. Ni mucho menos cómo y dónde terminaría todo.

Corría el año 1865. Italia por entonces era un Reino (que duraría poco, pero reino al fin). Estados Unidos en plena guerra civil veía morir a Abraham Linconln y nacer al Ku Klux Klan. Francia estaba en Disney patentando y regulando el telégrafo. El Reino Unido limitaba la velocidad de circulación de los autos a 16 km/h en el campo y a 5 km/h en la ciudad. Ese mismo año unos galeses desorientados llegaron a las costas de lo que hoy es Puerto Madryn y se convirtieron en los primeros en colonizar la Patagonia al sur del Río Negro. Y nació Blas, en Teggiano, un pequeño pueblo de la provincia de Salerno, en Italia.

Blas tuvo ocho hijos, y el cuarto -el primer varón- se llamó también Blas, nacido en 1898. Blas hijo creció en condiciones muy humildes, trabajó desde muy chico porque era el primero que podía aportar económicamente al mantenimiento del hogar (las mujeres solo se encargaban de limpiar, ordenar, cocinar y criarse entre ellas y luego a sus hermanos menores).

El 28 de julio de 1914 la historia del mundo cambiaría para siempre. En la Primera Guerra Mundial Italia intentó mantenerse al margen. Y casi lo logró. Pero en 1922 de la mano de Benito Mussolini, el fascismo empezó a complicar mucho la vida normal de los italianos y pocos imaginaban que en 1943 iban a ser protagonistas de la Segunda Guerra Mundial que los sumiría en un desastre económico y social sin precedentes. Antes de que eso ocurriera, Italia ya estaba hambreada y con poco futuro. Blas hijo lo sabía, y quiso hacer algo diferente. Allá por 1925 se la vio venir, y entonces habló con Paulina quien por entonces era su novia y le dijo que iba a probar suerte en Argentina.

Y se vino nomás. Llegó, se asentó, consiguió trabajo y se volvió a buscar a Paulina. Apenas llegó la pasión post distanciamiento hizo que en poco menos de dos meses ella quedara embarazada de Miguel. Vendieron todo, se achicaron, dejaron todo listo y como faltaba poco para el nacimiento se quedaron en Teggiano hasta que Miguel cumplió dos meses.

Con Miguel en brazos cruzaron el Atlántico, llegaron a Buenos Aires, buscaron un terreno con una casita modesta que compraron con sus ahorros y se instalaron en un barrio de la zona sur del conurbano, donde había otras tantas familias tanas que se habían animado a dejar su tierra natal.

Nadie hubiera imaginado que a Miguel, le seguirían Antonio, Cono, María, Angel, Roque y Filomena, todos argentinos. Miguel tuvo tres hijos, dos niñas y un varón. Cono murió a los diecisiete cuando un paquete de petardos se le encendió en el bolsillo del pantalón. Antonio tuvo dos varones y una nena, María otros tres varones, Ángel una mujer y un varón, Roque tres más -dos mujeres y un niño- y Filomena los últimos tres (dos varones, una nena). En menos de sesenta años, Blas (hijo) había desparramado su apellido por todo el sur del Gran Buenos Aires. Siete hijos y catorce nietos. Sus nietos, a su vez, tuvieron en promedio dos hijos cada uno, así que se generaron veintiocho bisnietos, un total de cuarenta y nueve descendientes…

Con lo que no contaba Blas es que su hermano menor Rómulo, también se había venido un par de años después y se fue a instalar en Bolívar, al sureste de la provincia de Buenos Aires. Claro, no tenían celulares, ni WhatsApp ni Googlemaps, así que se enteraron mutuamente alrededor de 1960 que estaban a 300 kilómetros. Rómulo tuvo ocho hijos, un promedio de cuatro nietos por hijo, lo que daba veinticuatro, y 2,5 bisnietos por nieto, algo así como sesenta portadores del mismo apellido que los cuarenta y nueve descendientes de Blas. Contando a Blas y a Rómulo, ciento once en total para 1990. Cuando Blas (hijo) murió, en 1996 ya eran ciento veinte.

En 2020, llegaron a doscientos diez. Calculan que cuando se cumplan los cien años de la llegada de Blas, la descendencia de los provenientes de Teggiano llegará a doscientos cincuenta.

De un pueblito minúsculo de donde vinieron dos personas, hoy hay doscientos cincuenta descendientes que, haciendo la progresión geométrica, en 2120 serán treinta y un mil doscientos cincuenta.

Blas, nuestro Blas que llegó en 1925, nunca se hubiera imaginado que iba a ser el origen de más de treinta mil familias que poblaron la Argentina.

Le conté esto a mi hijo. Hoy, él está pensando seriamente en emigrar, en buscar nuevos horizontes en otro país. Y me dijo que ya sabía cómo se iba a llamar su primer hijo: Blas.

-          ¿Por qué Blas?, le pregunté.

-          Porque la historia vuelve a empezar, Pá. Pero en otro lugar.

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