jueves, 23 de mayo de 2024

Aquelarre

 

- Buenas noches… Gonzalo Dachs y señora, mesa 13 -le dijo adelantándose a la pregunta de la recepcionista, una rubia despampanante con un ajustadísimo vestido que dejaba ver sus curvas generosas y que Gonzalo recorrió mientras su mujer le pellizcaba disimuladamente el brazo.

El maitre los acompañó unos metros y les indicó amablemente cuál era su mesa, que todavía estaba vacía. Se acomodaron con Juana, su esposa, en dos sillas que les permitía quedar frente a la que, aparentemente, era la mesa de los novios.

De pronto una pareja de treinta y pico se acercó a la mesa, saludó cordialmente y se ubicaron enfrente de Juana y de Gonzalo. Él solo atinó a mirar a la joven mientras se sentaban y le dijo: “Mesa 13… ¿será de suerte o de yeta?” y lanzó una carcajada forzada.

Luego llegó otra pareja un poco mayor, unos 45 ella y unos 40 él, y se sentaron a la izquierda de Juana. Todos cuchicheaban entre sí, sin interactuar con los demás. Claramente, ninguno de ellos conocía a los otros.

Cuando llegó la cuarta pareja (él un tipo elegante y apuesto de unos 55 años, ella una bellísima mujer de no más de 25 o 26) ocuparon las dos sillas que quedaban libres mientras sonriendo delicadamente meneaban la cabeza en señal de algo parecido a un saludo. Sin dudas, tampoco conocían a nadie.

- ¿De dónde me dijiste que conocías a este que se casó? – preguntó Juana, entre curiosa e incómoda.

- De las canchas de pádel, amor… ¿te acordás que el año pasado empezamos a jugar también los jueves? Los martes es con el Pela, Cristian y Adrián. Y los jueves con Julián, Marcos y Andrés. Bueno, Andrés es el que se casó hoy.

- Ah... no conozco a ninguno... ¿Y los otros? ¿No vinieron? ¿No es ninguno de estos tres?

- No, no… no sé, capaz que no podían… la verdad que últimamente como Andrés estaba con el tema de los preparativos, suspendimos y casi no hablé con el resto…

De pronto una invasión de mozos empezó a llenar las copas de champagne en todas las mesas. Pocos segundos después se encendieron unos reflectores muy potentes y comenzó a sonar “My first, my last, my everything” de Barry White a todo volumen. Se abrió la enorme puerta de madera y los novios entraron casi corriendo, felices y sonrientes, saludando a todos y escuchando el aplauso estruendoso que venía de todo el salón.

Se apagaron todas las luces y solo quedaron los seguidores enfocando a la feliz pareja. El volumen de la música fue bajando lentamente y alguien se acercó agachado a alcanzarle un micrófono a Andrés. Los aplausos fueron desapareciendo armónicamente.

- Buenas noches a todos y muchísimas gracias por acompañarnos en este día tan maravilloso para nosotros. Es un placer compartir con todos ustedes este momento tan emocionante… Y para que nada interrumpa la fiesta después queremos decirles unas palabras antes de empezar a comer…

Volvió el aplauso general, con gritos y silbidos, mientras Andrés hacía señas pidiendo silencio.

- Antes que nada, gracias a nuestra familia que siempre nos apoyó -dijo Andrés mientras se encendían los reflectores sobre las mesas 1, 2 y 3 y se veían las caras emocionadas de los padres, las lágrimas de las madres y las sonrisas llorosas de las hermanas de Mariana.

- Gracias a toda esta gente linda de la secundaria, que nos vio cuando Nani y yo empezamos a salir hace ya diez años -siguió mientras los reflectores enfocaban las mesas 4, 5 y 6 y se escuchaba el griterío de más de 20 jóvenes desaforados.

- A los cumpas del Ministerio... mil gracias, chicos, en serio… un lujo tenerlos acá. Con ustedes paso casi más tiempo que con Nani -reflector en las mesas 7, 8, 9 y 10. Risas. Copas levantadas.

Juana se acercó al oído de Gonzalo y le susurró: “Qué forma rara de entrar al salón… nunca la vi”. Él asintió con la cabeza. “Es gente muy… poco convencional” aclaró. Ella trataba de imaginar cómo sería el saludo para esa mesa en la que eran todos ilustres desconocidos. Él se secó una gota de transpiración en la frente. Prefería no pensar.

- Ahí -dijo mientras se iluminaban a pleno las mesas 11 y 12- las más grosas, las chicas del jardín, las compañeras de Nani que tantas tardes han compartido haciendo manualidades para los peques…

Gonzalo empezó a sentir palpitaciones. Y calor. Soltó la mano de Juana.

- Gonza, Raúl, Lucas, Sebastián… qué decirles… Son parte importantísima de nuestra pareja… -el reflector enceguecía y Gonzalo no paraba de transpirar-. Ustedes no se conocen, pero hace más de un año que en distintos momentos compartieron nuestros jueves maravillosos en Aquelarre. Gracias por el respeto y el cuidado que siempre tienen por ella y por mí.

Mientras Andrés agradecía a la mesa 14, se escuchó un griterío del que sobresalió un “¡¡¡Hijo de mil putas!!!! ¿Así que Aquelarre? Hijo de putaaaaa…”

En pocos segundos, en la mesa 13 quedaron todas las sillas vacías. Y todo por Aquelarre, el boliche swinger.

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