- Buenas noches… Gonzalo Dachs y señora, mesa 13 -le dijo adelantándose a la pregunta de la recepcionista, una rubia despampanante con un ajustadísimo vestido que dejaba ver sus curvas generosas y que Gonzalo recorrió mientras su mujer le pellizcaba disimuladamente el brazo.
El maitre
los acompañó unos metros y les indicó amablemente cuál era su mesa, que todavía
estaba vacía. Se acomodaron con Juana, su esposa, en dos sillas que les
permitía quedar frente a la que, aparentemente, era la mesa de los novios.
De pronto
una pareja de treinta y pico se acercó a la mesa, saludó cordialmente y se
ubicaron enfrente de Juana y de Gonzalo. Él solo atinó a mirar a la joven
mientras se sentaban y le dijo: “Mesa 13… ¿será de suerte o de yeta?” y lanzó
una carcajada forzada.
Luego llegó
otra pareja un poco mayor, unos 45 ella y unos 40 él, y se sentaron a la
izquierda de Juana. Todos cuchicheaban entre sí, sin interactuar con los demás.
Claramente, ninguno de ellos conocía a los otros.
Cuando
llegó la cuarta pareja (él un tipo elegante y apuesto de unos 55 años, ella una
bellísima mujer de no más de 25 o 26) ocuparon las dos sillas que quedaban
libres mientras sonriendo delicadamente meneaban la cabeza en señal de algo
parecido a un saludo. Sin dudas, tampoco conocían a nadie.
- ¿De dónde
me dijiste que conocías a este que se casó? – preguntó Juana, entre curiosa e
incómoda.
- De las
canchas de pádel, amor… ¿te acordás que el año pasado empezamos a jugar también
los jueves? Los martes es con el Pela, Cristian y Adrián. Y los jueves con
Julián, Marcos y Andrés. Bueno, Andrés es el que se casó hoy.
- Ah... no
conozco a ninguno... ¿Y los otros? ¿No vinieron? ¿No es ninguno de estos tres?
- No, no…
no sé, capaz que no podían… la verdad que últimamente como Andrés estaba con el
tema de los preparativos, suspendimos y casi no hablé con el resto…
De pronto
una invasión de mozos empezó a llenar las copas de champagne en todas las
mesas. Pocos segundos después se encendieron unos reflectores muy potentes y
comenzó a sonar “My first, my last, my everything” de Barry White a todo
volumen. Se abrió la enorme puerta de madera y los novios entraron casi
corriendo, felices y sonrientes, saludando a todos y escuchando el aplauso
estruendoso que venía de todo el salón.
Se apagaron
todas las luces y solo quedaron los seguidores enfocando a la feliz pareja. El
volumen de la música fue bajando lentamente y alguien se acercó agachado a
alcanzarle un micrófono a Andrés. Los aplausos fueron desapareciendo
armónicamente.
- Buenas
noches a todos y muchísimas gracias por acompañarnos en este día tan
maravilloso para nosotros. Es un placer compartir con todos ustedes este
momento tan emocionante… Y para que nada interrumpa la fiesta después queremos
decirles unas palabras antes de empezar a comer…
Volvió el
aplauso general, con gritos y silbidos, mientras Andrés hacía señas pidiendo
silencio.
- Antes que
nada, gracias a nuestra familia que siempre nos apoyó -dijo Andrés mientras se
encendían los reflectores sobre las mesas 1, 2 y 3 y se veían las caras
emocionadas de los padres, las lágrimas de las madres y las sonrisas llorosas
de las hermanas de Mariana.
- Gracias a
toda esta gente linda de la secundaria, que nos vio cuando Nani y yo empezamos
a salir hace ya diez años -siguió mientras los reflectores enfocaban las mesas
4, 5 y 6 y se escuchaba el griterío de más de 20 jóvenes desaforados.
- A los
cumpas del Ministerio... mil gracias, chicos, en serio… un lujo tenerlos acá.
Con ustedes paso casi más tiempo que con Nani -reflector en las mesas 7, 8, 9 y
10. Risas. Copas levantadas.
Juana se
acercó al oído de Gonzalo y le susurró: “Qué forma rara de entrar al salón…
nunca la vi”. Él asintió con la cabeza. “Es gente muy… poco convencional”
aclaró. Ella trataba de imaginar cómo sería el saludo para esa mesa en la que
eran todos ilustres desconocidos. Él se secó una gota de transpiración en la
frente. Prefería no pensar.
- Ahí -dijo
mientras se iluminaban a pleno las mesas 11 y 12- las más grosas, las chicas
del jardín, las compañeras de Nani que tantas tardes han compartido haciendo
manualidades para los peques…
Gonzalo
empezó a sentir palpitaciones. Y calor. Soltó la mano de Juana.
- Gonza,
Raúl, Lucas, Sebastián… qué decirles… Son parte importantísima de nuestra
pareja… -el reflector enceguecía y Gonzalo no paraba de transpirar-. Ustedes no
se conocen, pero hace más de un año que en distintos momentos compartieron
nuestros jueves maravillosos en Aquelarre. Gracias por el respeto y el cuidado
que siempre tienen por ella y por mí.
Mientras
Andrés agradecía a la mesa 14, se escuchó un griterío del que sobresalió un
“¡¡¡Hijo de mil putas!!!! ¿Así que Aquelarre? Hijo de putaaaaa…”
En pocos
segundos, en la mesa 13 quedaron todas las sillas vacías. Y todo por Aquelarre,
el boliche swinger.

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